Sala 1. Bienvenida

UNA HISTORIA RICA Y AZAROSA

2200 a.C.  Asentamiento de La Bastida,

en las estribaciones de

la Sierra de la Tercia, en

plena Edad de Bronce.

23-79  Plinio el Viejo cita la región

de Deitania, en la costa

oriental de la Hispania Citerior,

cuya capital es Deitana Urbs,

identificada por algunos

historiadores con Totana.

779  Totana fue tomada por los

musulmanes de Abderramán I.

1088  Alfonso VI sitia Aledo y la

villa fortificada acoge a los

pobladores de Totana.

1257  El rey Alfonso X hizo donación

de Aledo y Totana a la Orden

militar de Santiago.

1293  El maestre Juan Osórez,

alentando la repoblación de la

zona, concede a Aledo el fuero de

Lorca, basado en el de Córdoba.

Totana se mantiene como arrabal.

1492  Finalizada la Reconquista, cesan las

tensiones fronterizas con el Reino

de Granada. La población sale de

las murallas y se establece en los

fértiles llanos y laderas de la Sierra.

1517  Ante el éxodo de población, el

Concejo de Aledo promulga una orden

por la cual solo se podían construir

en Totana casas de labor. Aún así,

Totana empieza a desarrollarse.

1520  Estalla la Revolución de los Comuneros

y los vecinos principales de Totana se

refugian en las murallas de Aledo,

que se mantiene fiel a Carlos I,

sufriendo un asedio de 80 días.

1549  Concejo y cura se reúnen para ver «sobre

dónde y en qué sitio e lugar se ha de hacer

la iglesia nueva en este arrabal de Totana».

1553  El Papa Julio III concede Bula facultando a

la Orden de Santiago para trasladarse de

Aledo a Totana, manteniendo su autoridad

jurídica, pues la fortaleza se había convertido

en «loco fragoso et quasi inhabitabili». 

1553  Se inician las obras de la Iglesia Parroquial

de Santiago, patrón de Totana.

1569  Cien vecinos de Totana se unen al resto del

contingente de Lorca y marchan contra los

moriscos sublevados del Reino de Granada,

participando en la Guerra de las Alpujarras.

1574  Comienzan las obras de la ermita

de Santa Eulalia de Mérida.

1603  Se inicia la construcción de la torre del

templo parroquial de Santiago

 

NECESIDADES Y DIFICULTADES PARA CONSTRUIR UNA TORRE CON CAMPANARIO

FUNCIONES

Es la torre de Santiago un importante elemento de identidad de Totana, de sus tradiciones, de sus raíces, así como también de sus vínculos humanos y creyentes. Además de referente del espacio sagrado que testimonia, la Iglesia de Santiago debía cumplir valiosas funciones en una sociedad profundamente injertada en valores religiosos. Así, sus campanas avisaban de los actos litúrgicos de la villa, a la vez que regulaban las tandas de riego, principal elemento en un medio fundamentalmente agrícola.

 

FINANCIACIÓN

Surgen las primeras iniciativas encaminadas a su construcción en 1580 para, dilatándose en el tiempo, concluir las obras en 1608. Afrontar este reto inicial requería de una importante inversión económica para la que los fondos de la iglesia de Santiago no estaban preparados. Se optó, entonces, por recurrir a las rentas de Santa María de Aledo, argumentando que aquella iglesia ya no tenía necesidad, al no quedar gente en dicha villa. La decisión de disponer de estos fondos requería de la correspondiente aprobación del Consejo de Órdenes, que frustró el proyecto inicial en diversas ocasiones, hasta que el 1 de enero de 1597, autorizó el inicio de su construcción.

Las obras comenzaron a tomar vida definitivamente en los primeros años del siglo XVII. No conocemos con claridad el momento en el que se acometieron, aunque sabemos que para 1603 ya habían tomado forma y que se encargaron las trazas de remate en 1606, aunque estas no fueron concluidas hasta dos años más tarde, como recoge el cronista Munuera y Abadía.

LA POBLACIÓN DE TOTANA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII

Tras la paz de Granada en 1492 se abre un amplio abanico de posibilidades para el asentamiento poblacional del que hasta entonces había sido el «arrabal de Totana», en donde estaban «las labores de la villa de Aledo», pues las fértiles tierras del valle, alejadas ya de incursiones y razias, se ofrecían en plenitud de posibilidades.

A pesar de los intentos del Concejo por sujetar la población entre las murallas de la fortaleza, el impulso natural y la atracción de la vega del Guadalentín pudieron más que disposiciones y argumentos legales. De modo progresivo se ocupa, rotura y urbaniza el territorio en el que toma entidad la villa de Totana y en el que surgirán elementos referenciales como el templo de Santiago, el edificio de las escribanías, el del concejo, el hospital, el mesón, la casa de la Encomienda…

Fruto de ese cambio de asentamiento encontramos al inicio del siglo XVI una población para la conjunción Aledo-Totana que gira en torno a los 100 vecinos para alcanzar, en las primeras décadas de la siguiente centuria, los 600 con una clara preeminencia poblacional en la villa de Totana en detrimento de la fortaleza.

CONSTRUCCIÓN

Sabemos por el historiador local, Munuera y Abadía, que fueron varios los arquitectos que presentaron planos para la construcción de la torre. Se optó por seguir el diseño presentado por Juan Fernández, vecino de Caravaca, que debió de ser el que guardaba una mayor sintonía con la realidad económica y posibilidades de la villa de Totana. La torre inicialmente fue construida exenta, separada algunos centímetros del cuerpo del templo parroquial.

Se dilataron los trabajos a lo largo de varios años quedando concluidos para agosto de 1606, momento en que se reclamó a Pedro Moure, maestro mayor de obras, a llevar a acabo las trazas de remate de la misma, que concluyeron en abril de 1608.

La obra del primer tercio de la torre corrió a cargo de Juan de Zabala. El resto de la obra fue realizada conjuntamente por el mencionado Zabala y por Francisco Aranda.

TÉCNICA CONSTRUCTIVA

Los ladrillos secados al sol o pasados por el fuego, cocidos, conforman una arquitectura ancestral que se asienta en el amplio hábitat mediterráneo. Ofrece, frente a la mampostería, innegables ventajas desde el punto de vista económico y de velocidad de ejecución de obra.

La técnica constructiva consiste en ir levantando hiladas de ladrillo con ayuda de andamiajes que se encajan con vigas de madera en agujeros del propio muro conocidos como “mechinales”. En la restauración de la torre se han respetado testimonialmente dichos agujeros en el primer tercio de la misma.

¿CÓMO REMATAR LA TORRE?

Concluida la estructura cúbica de la torre se hubo de llevar a cabo su cerramiento, una actuación que se materializó originalmente en una cúpula de media naranja, que ocasionó bastantes problemas, incluso a los pocos años de estar concluida.

Tras varias reparaciones, en 1621 se hubo de sustituir la media naranja por un chapitel, rematándolo «con planchas de plomo o de hojadelata, lo que más presto se hallare». Este cerramiento tampoco dio resultado, llegando incluso a venirse abajo en 1638, lo que obligó a su reparación.

No fue hasta el siglo XVIII cuando se procedió a crear un terrado, sostenido por vigas y colañas de madera, para darle un aspecto más parecido al que ofrece hoy en día, con la colocación de las almenas en el siglo XIX, en consonancia con la estética neogótica.

RESTAURACIÓN

A lo largo de los últimos cuatro siglos se ha venido actuando sobre la torre, modificando principalmente su cerramiento. En otras épocas nuestros antepasados la contemplaron rematada con cúpula o chapitel. Desde el siglo XIX se identifica por las airosas almenas que la coronan, sobre cubierta aterrazada.

Aunque han sido varias las intervenciones que en todo este tiempo han tenido como principal objetivo restaurar tan preciado bien de nuestro patrimonio arquitectónico y religioso, tenemos documentada, además de la llevada a cabo a lo largo de 2007, otra importante actuación en la década de 1940, momento en el que se colocan las gárgolas de cerámica que la singularizan.

Con la actual restauración bajo la dirección técnica del arquitecto don Francisco Guerao López y con el patrocinio del Ilustrísimo Ayuntamiento de Totana y el aval del Obispado de Cartagena-Murcia se ha conseguido, además de una actuación integral, centrada en la limpieza de sus paramentos de ladrillo, consolidación de sus estructuras de cerramiento y restauración de sus campanas; también la recuperación de espacios infrautilizados, abriendo otros que completan sus amplias posibilidades.

De este modo, se ofrece a la contemplación de Totana para disfrute de sus gentes y de todos cuantos la visiten.

UN ENIGMÁTICO LABERINTO

Durante unos trabajos de remodelación en la década de 1990 fue descubierta en el muro del camarín de la capilla principal del templo de Santiago, edificado en el siglo XVIII, esta piedra tallada con la forma de un laberinto circular de siete caminos concéntricos. Por su ubicación, en la cabecera del templo, es posible que fuese reutilizada, procedente del antiguo cementerio que existió en la zona, destinada inicialmente a proteger este espacio funerario.

Es complicado determinar cuando comienzan a representarse dibujos y grabados de laberintos o cuál fue la primera civilización en utilizarlos. Las representaciones más remotas datan de finales del Neolítico y principios de la Edad del Bronce.

En España, el testimonio más antiguo corresponde a los petroglifos de Mogor, en Galicia (entre el III y el II milenio a.C.) que han sido tradicionalmente relacionados con otros procedentes del norte de Europa.

Sin embargo, el laberinto por excelencia en nuestro entorno cultural es el del Minotauro, procedente de la Isla de Creta. Sobre este mito no existen referencias de la época cretense sino que son posteriores, de la época Helenística, como las encontradas en algunas monedas griegas.

En la Edad Media los laberintos adquieren protagonismo en el universo simbólico de la construcción de las catedrales, siendo el ejemplo más conocido el de la Catedral de Chartres (s. XIII). Por sus grandes dimensiones fue diseñado para ser recorrido a pie como sustituto, quizá, a la peregrinación a Tierra Santa.

En el Renacimiento y el Barroco, los laberintos se trasladaron al diseño de jardines.

El laberinto aquí expuesto es de tipo “multicursal”, lo que permite elegir itinerarios alternativos en su recorrido. Puede relacionarse con el clásico laberinto cretense de siete pliegues (que en realidad es unicursal, con un único itinerario posible). Por otro lado, la cazoleta central y los apéndices radiales con círculos concéntricos lo emparentan más con los petroglifos del norte.

En cuanto al significado de esta figura caben múltiples interpretaciones: todas ellas con diversa carga esotérica, mística o mágica, aunque quizás se trate simplemente de la firma que el cantero dejó oculta para la posteridad o una demostración de sus habilidades.

En el misterio que envuelve a esta pieza brota una invitación a recorrer el camino de búsqueda, alentando la andadura que iniciamos, en una llamada a descubrir el simbolismo de encierra el ascenso a la torre de Santiago.


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